martes, 15 de enero de 2008

LA CHALACA ES DULCINEA DE BARRAZA.

Desde niño he sido un gran admirador de figuras nacionales e internacionales del fútbol, abrazado del sueño que algún día en mi desarrollo de esta disciplina pudiere igualar alguno de ellos que están en la cúspide de su carrera. Las circunstancias contingentes sólo quiso fuera un sueño. El caletre periodístico no escapa del orgullo en la profesión informativa de alcanzar el máximo equilibrio de responsabilidad objetiva, en orden de entregar al lector con veracidad su poder de síntesis, y de análisis imparcial de un historial complejo en dirimir con elementos de juicios sustantivos disponibles dentro de la diversidad gráfica y literal expresa, dejando como un antecedente la tradición oral, siempre que prime lo comprobatorio de documentos irrefutables ante la investigación de un hecho que quiera a darse a conocer. El periodismo continuamente debiera estar alineado en este rumbo con absorbida docencia explícita de la fuente de información generadora. Esta actitud nunca doblegará la altivez de su espíritu de servidor público relacionado con el acierto de la veracidad de la noticia que está entregando. Pienso que el diario El País de España al señalar que la jugada de la chilena había tenido su origen en el siglo XIX, se dejó llevar por el sensacionalismo noticioso y descuidó la identificación del hecho sobre la base de lo que se dice debe comprobarse con sus correspondientes gráficos y nombres, fecha exacta de la invención de la jugada. Es inocente solamente aceptar que la prensa de la época al referirse a la chalaca ninguna de sus fuentes reconozca el nombre del supuesto futbolista peruano. En cambio si nos remontamos al siglo XX. La fuente de información peruana identifica un jugador hasta con biografía, señalando el suceso acaecido en el año 1928.

Al recorrer los sitios de Internet y en mi interés de conocer al inventor de la famosa jugada denominada chilena, en casi todo el orbe mundial, he encontrado sitios demasiados ambiguos y repetidos que dicen lo mismo al referirse a la jugada que los peruanos llaman chalaca, que: “a fines del siglo XIX y a principios del siglo XX, se había visto a unos negros maravillosos realizar esta jugada en pichangas de fútbol entre marineros ingleses, irlandeses, escoceses con habitantes del puerto del Callao y, que por esta razón ya la jugada era conocía con el nombre de “chalaca”. Información que ha venido rebotando en otros medios como novela de ciencia ficción. Lo curioso de esta noticia subida a la red informática, previamente, fue publicada por el diario El País de España, periódico que nombra a un periodista argentino que labora para la Confederación Sudamericana de Fútbol, de la cual Chile es miembro fundador y que no se identifique el nombre del jugador con sus correspondientes apellidos, fecha exacta del acontecimiento y, que un periódico de prestigio internacional, caiga en esta irregularidad, por decir lo menos. Siguiendo con mi investigación encontré en otros sitios de la misma red, información que contradice al diario de España, proveniente de periodistas del Perú, los cuales nombran a Carlos Alejandro Villanueva Martínez, ser el inventor de esta jugada en el año 1928, bautizada con el nombre “caracol” para después los habitantes del puerto del Callao comenzaran llamarla “chalaca”. Esta crónica es completa con la correspondiente fotografía y biografía del jugador, forma correcta de hacer periodismo creíble. No así con la determinación del señor Barraza que en su contenido de fondo lo hace aparecer como un líder defendiendo una causa que le fuera propia e involucrando a un organismo para cual él trabaja en el cono sur de esta América, en donde obran los antecedentes de todos los campeonatos oficiales organizados dentro de un contexto reglamentario que excluye los sucesos ocurridos antes de la fecha de fundación del referido organismo. Por tal razón, su crónica está fuera de toda lógica con un fundamento de investigación que huelga para todo tipo de opinión, una especie de leyenda deportiva ajena a los quehaceres de la Confederación. Continuando con el análisis es menester hacer una especie de analogía interpretativa en torno a la profesión del periodismo. Recuerdo que años atrás estuvo en discusión en el congreso chileno, si el periodismo era arte o ciencia. Con este acontecer queda claramente demostrado que es arte al involucrar la imaginación humana que con poder creativo se pueden rellenar espacios a falta de antecedentes para completar una crónica imposible de sustentar en sus dichos, como es pertinente en un cuento o novela inventar nombres de protagonistas. En este caso de ambigüedad absoluta, pienso que su autor mejor se hubiera quedado callado para no envenenarle el alma a dos paises hermanos que desde tiempos antepasados habían aceptado el origen de la jugada, salvo algunas excepciones de medio subjetivos. En buen romance y dados a antecedentes demostrables, la jugada se seguirá llamando “la chilena”.

La referida crónica, me obliga a retrotraerme a mis años mozos de estudiante de cuando se leía la clásica obra de Cervantes. El Hidalgo e Ingenioso Don Quijote de la Mancha, con su principal protagonista abstracta: Dulcinea, alcanzable sólo en la imaginación del Quijote en las andanzas con Sancho como una obsesión fija en su mente, y a falta de antecedentes de la chalaca del siglo XIX, se ha convertido en la Dulcinea de Barraza y del peruano desinformado en el contexto veraz de su propia historia futbolística, creyendo obtener un equivocado reconocimiento, olvidan su gloriosa figura de otrora del Alianza de Lima, Carlos Alejandro Villanueva Martínez “El Manguera” que para los columnista peruanos de la época es el inventor de la jugada que bautizaron caracol en el año 1928. Esta es la realidad, no existe otra información comprobable en los anales de la historia del fútbol peruano. La Dulcinea transformada en chalaca del siglo XIX, es sólo un proyecto de imaginación de una crónica con muerte anunciada.